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 Las fiestas patronales, de las cuales el protagonista indiscutible es el caballo, constituyen la manifestación popular más genuina de las tradiciones menorquinas. Las primeras fiestas mayores del municipio son las de Mercadal, que se celebran la tercera semana del mes de Julio bajo la adoración de su patrón, San Martín.
     Aunque resulta difícil fechar el origen de estas fiestas, cuya tradición se remonta a la Edad Media, se sabe con certeza que originalmente se desarrollaban al comienzo del verano con motivo de la festividad de San Juan, después de terminar en el campo las tareas de segar y batir.
     Las fiestas, antiguamente, las organizaban cofradías religiosas, de las que formaban parte los integrantes de la cabalgata, que son un reflejo de los diferentes estamentos de la sociedad menorquina medieval. Forman la comitiva un representante del poder civil, el caixer batle, envestido con la simbólica vara de alcalde; un representante del estamento eclesial, el caixer capellà; y otro de los payeses, el caixer pagès. Los acompaña el caixer fadrí, elegido entre los más jóvenes, que lleva la bandera de las fiestas y un caixer casat.
     La fiesta se desarrolla de acuerdo a unos protocolos que sirven para que la celebración se mantenga fiel a la tradición, y que rigen hasta el último detalle, desde el orden en que se han de llevar a cabo hasta la vestimenta de los componentes de la cabalgata. Los caballos salen engalanados, con las crines cuidadosamente trenzadas, y todo tipo de ornamentos y cintas de colores.
     El fabioler (el flautista), un joven montado en un asno, va abriendo paso a la comitiva. Ante los primeros sonidos del tambor y la flauta, la multitud guarda silencio respetuoso para ver desfilar la cabalgata.
     Al llegar a la plaza, los caballos botan y danzan entre el gentío al ritmo de la música del típico jaleo. Este acto, seguido de una ceremonia religiosa en honor de San Martín, se hace la víspera de la fiesta, durante la tarde, hasta altas horas de la noche; y el domingo por la mañana. Al terminar, los jinetes, que se denominan caixers, son galardonados con una caña verde para su montura y una cucharilla de plata.
     La fiesta de San Antonio, que se rige por unos protocolos similares, se celebran una semana más tarde en un escenario excepcional, el puerto de Fornells, donde muchos jóvenes se tiran al agua antes de terminar el jaleo.
     Las fiestas celebradas en honor de San Nicolás son, en cambio, las últimas que se celebran durante el verano menorquín. Por eso se suele decir que "San Nicolás cierra las fiestas con llave". En este caso, el "jaleo" se hace el sábado a la tarde en la plaza de Mercadal, y el domingo por la mañana en el Toro, después de la vistosa subida de la comitiva, que acompañan, a pie, numerosos menorquines y visitantes.

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