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Sant Lluis

 

Historia

El 18 de abril de 1756, Domingo de Pascua de Resurrección, desembarcaron en la playa de Santandría doce mil soldados franceses bajo el mando del mariscal de Francia el Duque de Richelieu, y transportados por una poderosa flota conducida por el almirante  Marqués de la Galissonère.

La expedición militar concluyó con el asalto al castillo de Sant Felip y la capitulación de los británicos, firmada el 29 de junio del mismo año.

La idea de agrupar los numerosos caseríos diseminados por el sudeste de la isla propició el nacimiento de un nuevo núcleo urbano  durante la breve dominación fancesa (1756-1763).

El inicio de las obras de construcción de la iglesia en 1761 puso fin a un contencioso, que duró unos años, entre la Administración francesa y los propietarios rurales que reclamaban sus derechos sobre la garriga de Binifadet, lugar elegido para edificar el templo, que se puso bajo la orden del santo Luís IX, rey de Francia.

El 8 de enero de 1762, la Corte francesa autorizó al gobernador de la isla, conde de Lannion, la parcelación de los terrenos
adyacentes al templo para la construcción de viviendas, con lo que se satisfacían las necesidades de los habitantes de la zona. El intendente Antoine de Causan dibujó el plano del futuro pueblo, que presenta un trazado ortogonal propio de la concepción
urbanística de la época, y llegó incluso a poner nombre a las calles, algunas de los cuales perduran como recuerdo de la fundación francesa del pueblo de Sant Lluís.

Hyacinthe Gaétan de Lannion era teniente general de los Reales Ejércitos y gobernador de la isla, donde murió el 2 de octubre de 1762 a los 43 años, siendo enterrado en la Iglesia de Santa María, en Mahón. Los franceses, no obstante, no pudieron ver terminada su obra, ya  que en 1763 tuvieron que ceder la isla a los británicos, en virtud del Tratado de París. Desde su fundación Sant Lluís permaneció unido administrativamente a Mahón, menos los tres periodos constitucionales del siglo XIX. Pero no fue hasta el 7 de junio de 1904, durante el reinado de Alfonso XIII, que la Diputación Provincial llegó al acuerdo de segregar el pueblo de Sant Lluís y sus caseríos. Dos meses después, el 7 de agosto de 1904, se constituyó el nuevo ayuntamiento y era elegido alcalde Pedro Tudurí.

Itinerarios Urbanos

El trazado reticular de las calles, que aún conserva algunos nombre relacionados con la fundación francesa, es una de las particularidades que caracterizan el pueblo y que enlaza con la concepción urbanística de mediados del siglo XVIII. Las viviendas construidas en el casco urbano presentan una tipología tradicional, y en su origen fueron construidas humildes y pequeñas, aunque no exentas de cierta comodidad. Un ejemplo de este tipo de vivienda es el que está situado en la calle “Comte de Lannion”, delante el molino de “Baix”, que destaca por sus formas arquitectónicas tradicionales y por su antigüedad. Aún conserva el pequeño patio de acceso al interior y una cisterna adosada a la fachada de la casa orientada hacia el sur.
Otros edificios, como el construido en 1864 casi delante de la Iglesia o los dos situados en la calle “D’Allemand”, se alejan de la tipología tradicional, al estar concebidos como residencia veraniegas por sus propietarios que, generalmente, tienen su domicilio en Maó.

Las fachadas presentan ciertos elementos ornamentales y disponen de patio en la parte delantera. Son Plata y Villa Francisca, construidas en principio en las afueras del pueblo, han quedado integradas en su interior después de la reciente ampliación del casco urbano.

Las bellas líneas neoclásicas de la Iglesia pueden ser apreciadas desde el “Pla de sa Creu”, donde el conde de Lannion, gobernador de la isla, mandó levantar el monolito existente en honor a la piedad del Rey Cristianísimo.
Un elemento etnológico significativo, que ha sido restaurado este año, es el pozo de torno de la calle “Comte de Lannion”.

Utilizado hasta mediados del siglo pasado, formaba parte de la red de pozos del casco urbano, para abastecer de agua a los vecinos.

En la parte meridional del pueblo se encuentra la plaza de la Paz, rotonda que distribuye las carreteras hacia las urbanizaciones de la costa. En sus proximidades se encuentra la zona deportiva municipal, que incluye un circuito natural, instalación deportiva situada en una amplia zona sembrada de árboles.

Torres de Defensa

La necesidad de defenderse de los frecuentes ataques de piratas y corsarios obligó a los habitantes a construir torres rurales de defensa.

En el año 1328 el rey Pedro IV autorizó mediante una carta real la construcción y fortificación de las torres rurales de defensa, para favorecer el poblamiento de una zona muy expuesta a los ataques externos.

El municipio de Sant Lluís conserva numerosos y bellos ejemplares de estas torres medievales, que han originado leyendas sobre la actitud heróica de nuestros antepasados. La primera que se puede observar cuando se llega a Sant Lluís es la torre de Binifadet, situada en el caserío del mismo nombre y muy anterior a la fundación del pueblo. Tiene adosada una vivienda, por lo que no aparenta ser tan estilizada como cuando fue construida.

Al igual que las torres de Binibeca Nou y de Torret, es de planta cuadrada y presenta cornisas en la parte superior. Las torres de “Rafalet Petit” y “Binibeca Vell” también tienen viviendas adosadas, si bien por su tipología, no presentan cornisas ni otras construcciones defensivas, parecen tener una mayor antigüedad. La torre de “Binissafúller d’en Ferrer” es de planta circular, está separada de la vivienda y también parece ser bastante antigua.

Diversas torres similares a las nombradas, en cambio, han desaparecido al haber sido incorporadas dentro de la estructura de casas de campo edificadas posteriormente. Son las torres de Alcaufar Vell, Torret de Dalt, Biniancolla y la Torre Vella de Biniali, los gruesos muros de estas delatan su presencia en el interior de las viviendas.

Además de estas torres medievales, Sant Lluís cuenta con otro tipo de torres que tenían la misión de vigilar y defender la costa, Las torres gemelas de Punta prima y Alcaufar presentan las características propias de estas construcciones más modernas; son troncocónicas, construidas con piedra y aglomerado, voluminosas y de grandes muros.

Situadas cerca de la costa, estaban preparadas para albergar guarnición con piezas de artillería en su plataforma. Las dos torres fueron construidas por ingenieros españoles entre 1786y 1787, poco después de la conquista española de Menorca por el Duque de Crillón en 1782. La de Punta Prima es, actualmente un albergue juvenil, mientras que la de Alcaufar fue restaurada en 1994.

La Talaya “Grossa” fue construida en terrenos de Torret en una suave elevación que permitía la vigilancia del territorio y, al mismo tiempo, guarda una cierta distancia del mar. Se trata de una de las torres de este tipo más antiguas de la isla, dado que ya se encartaban referencias en documentos de finales del siglo XVI.

 

Prehistoria

El poblado talayotico de Binissafullet Nou, situado a unos dos km. del pueblo en la carretera de Binissafúller, es el yacimiento más espectacular del municipio. Fué habitado desde el año 1500 a.C. hasta el s. II a.C. Presenta una taula (monumento religioso en forma de T), un talayot (torre de vigilancia y control del territorio), diversas casas talayoticas, depósitos excavados en la roca, etc…

Durante muchos años, los restos fueron cubriéndose de una espesa vegetación, que escondia una auténtica sorpresa para la arqueología menorquina. El 1988, después de unos trabajos de desforestación, fueron descubiertas intactas las dos piedras de la taula. Dos años más tarde, la única taula conocida del municipio fue levantada en su posición
original.

Los antiguos habitantes de la isla enterraban a sus difuntos en las cuevas excavadas en los acantilados. Biniparatx presenta un grupo de 11 cuevas artificiales, fechadas entre los siglos VI y V a.C.

En Binissafúller existe otra necrópolis prehistórica formada por 15 cuevas artificiales, de entre las cuales sobresale una que dispone de una espléndida columna central con un nicho vertical centrado. En Cala Rafalet se encuentra la cueva del “Trull”, convertida en alfauge en tiempos prehistóricos para la elaboración de aceite.

El poblado de “Biniparratx Petit” posee un gran talayot y diversas construcciones. Una de las casas talayóticas del poblado,  situado en el inicio sur de la pista del Aeropuerto de Menorca, fue excavada y trasladada en el año 1996 a la zona ajardinada del recinto del Aeropuerto. El habitáculo fue abandonado a lo largo de la segunda mitad del siglo I a.C.

 

Playas

El litoral es uno de los principales atractivos para el turista que visita el municipio en cualquier época del año, y especialmente durante los meses de verano cuando la meteorología realza su belleza natural. La diversidad de sus paisajes costeros permite disfrutar, en lapsus de pocos minutos, desde la blanca y fina arena de una playa virgen hasta la visión de unos acantilados reflejándose en las aguas transparentes de una cala.

Rafalet y Biniparratx, situadas en extremos opuestos del litoral, son las dos únicas calas que no han sufrido el proceso  urbanizador del turismo. Cala Rafalet es una cala estrecha, el mar discurre entre los imponentes acantilados que nos conducen, tierra adentro, hacia un espléndido encinar.

Biniparratx, más espaciosa, esconde el misterio de sus cuevas prehistóricas. Las calas de Binissafúller y Biniancolla parecen haber quedado olvidadas en el tiempo, con sus típicas casetas de pescadores en plena armonía con el paisaje. Cala Binibeca también ofrece con generosidad  la posibilidad de disfrutar de una amplia playa, sin que la urbanización le haya restado su atractivo, como tampoco lo ha hecho en las dos calas anteriores.

Punta Prima y Alcaufar fueron las pioneras, en acoger, desde los años 50 y 60, las familias menorquinas que disfrutaban del verano. Punta Prima, que ha sido galardonada este año con la Bandera Azul, distinción que concede la Fundadión Europea a la calidad de la playa y a los servicios que ofrece al visitante.

Alcaufar aún conserva el encanto especial de sus casas, plenamente integradas en el entorno, sín que con el paso del tiempo haya sufrido importantes transformaciones que hayan alterado un conjunto arquitectónico de gran valor.

El poblado de pescadores de Binibeca Vell es un complejo turístico construido a partir de las formas de la arquitectura tradicional, de una blancura inmaculada, con calles muy estrechas que le confieren una estructura singular, apreciada incluso más allá de nuestras fronteras.

“S’Algar”, que se levanta en terrenos costeros de la finca de Rafalet, se ha convertido en un prototipo de urbanización turística, moderna y racional, con numerosos servicios y equipamientos.

 

Molinos

La majestuosa silueta del molino de “Dalt” da la bienvenida al visitante. Es un viejo recuerdo de los tres molinos de viento que, durante 200 años, han caracterizado el conjunto arquitectónico de la villa fundada por los franceses. Este molino fue construido de forma colindante a los edificios que levantaron los primeros vecinos.

Años más tarde, en 1776, ya funcionaba el mayor de los tres molinos, el molino “d’Enmig”, situado en la misma calle principal a pocos metros del anterior. Finalmente en 1780 se construyó el molino de”Baix” en un solar de la calle Conde Lannion, en la parte meridional del pueblo.

Durante dos centurias, los tres molinos formaron parte de la estructura urbana de Sant Lluis fueron una pieza esencial del bienestar económico del pueblo. No obstante, el progreso tecnológico y en numerosas ocasiones el viento, su principal aliado pero también su peor enemigo acabaron con la bella estampa de los tres molinos con sus aspas girando al viento. El molino de viento dispone de una maquinaria de madera que aprovecha la fuerza eólica mediante las aspas, provistas de velas, para hacer girar el mortero que convierte el grano en harina.

El molino de “Dalt”, propiedad del Consell Insular de Menorca y cedido para su uso al Ayuntamiento de Sant Lluís, se restauró íntegramente el año 1987, colocándose las aspas y la maquinaria para moler el grano.

La planta baja alberga un museo etnológico, con interesantes colecciones de herramientas y utensilios del campo y de oficios ya desaparecidos, además de una oficina de información turística.

Por otra parte, el molino de “Baix” es de propiedad municipal y, este mismo año, ha sido habilitado como local para actividades juveniles.

 

La Iglesia

La iglesia es de estilo neoclásico y fue diseñada por el arquitecto e ingeniero francés Antoine d’Allemand (1679-1760). En su fachada presenta el escudo de armas de Francia, y un pórtico con tres arcos de medio punto, de los cuales solo se accede al interior del templo a través del arco central. Sobre la puerta principal hay una pequeña escultura del rey Sant Lluís, de reciente creación, ubicada en el interior de una capilla rematada con la cruz de “Tau”, atributo de San Antonio Abad, antiguo patrón del pueblo.

Sobre este arco se encuentran esculpidos los escudos de armas de dos personajes relacionados con la fundación del pueblo,   son el conde de Lannion y el intendente Causan. También podemos observar la inscripción grabada por los  franceses y que recuerda la fundación del templo. Dice así: “DIVO LUDOVICO SACRUM DEDICAVERE GALLI AN MDCCLXI”.

El interior del templo presenta un atrio, con los escudos del obispo de Mallorca, Bernat Despuig y Cotoner, y del obispo de Menorca, Pedro Antonio Juano. Sobre el atrio se eleva el “coro” construido en 1805. En la llave del arco del coro que se abre hacia la nave hay otro escudo de armas de un señor francés. El templo es de una sola nave, con una bóveda de cruce simple, y tres capillas laterales intercomunicadas, de planta rectangular, que se abren hacia el interior de la nave. El Altar mayor, precedido por un arco triunfal de medio punto, contiene dos tallas: la primera representa a Cristo Crucificado y la segunda el rey Lluís IX de Francia, santo titular de la Iglesia. El campanario, de 31’5 m. de altura, presenta dos cuerpos, el primero de planta cuadrada, donde se encuentran situadas las campanas y que acaba con una balaustrada, y otro octogonal, con cuatro boquetes sobre dos de los cuales aparece escrito el tetragramaton, es decir, el nombre de Dios en lengua hebrea.

Cuando los franceses abandonaron la isla en 1763, sólo quedaba por acabar el presbiterio, la sacristía, y el campanario. Las obras se paralizaron hasta 1782, cuando se reanudaron, y un año después el templo era bendecido. En 1793 se terminó el campanario, aunque su aspecto data de 1884 y fuera diseñado por el obispo Mercader.

Presentaba las esculturas de los cuatro evangelistas, destruidas en 1936, así como la pintura sobre tela  de “Sant Lluís venerando a la Madre de Dios”, del pintor francés L Sueur, regalo del duque de Richelieu y que había sido propiedad de su abuelo, el famoso cardenal Richelieu.

 

Geografia

Sant Lluís es un municipio con una extensión de 37 km. cuadrados. Limita al norte con Mahón y Es Castell, al oeste con Mahón y al este y al sur con el mar.

Está situado sobre una planicie en la zona sudeste de la isla, a unos 50 metros sobre el nivel del mar. Se asienta en la región geológica denominada “es Migjorn”, donde abundan las rocas miocénicas o “marés”, piedra utilizada tradicionalmente en la construcción de los edificios antes de la introducción de otros materiales de construcción.

La irrupción del turismo en Menorca, a partir del siglo XX, supuso una profunda transformación social y económica, tanto en el ámbito insular como local. El aprovechamiento agrícola del suelo ha dado lugar a un paisaje sumamente humanizado. Por eso, abundan los muros de piedras y las construcciones utilizadas en la explotación agrícola de las fincas, como las eras, pozos, aljibes, establos, etc.

El crecimiento económico del siglo XVIII provocó una gran presión agrícola, con la creación de nuevas zonas de cultivo y aumento de la tala árboles, lo que ocasionó la regresión de las zonas verdes. Uno de los aspectos paisajísticos más interesantes es la presencia de abundantes acantilados que originan una notable diversidad ambiental, a causa de la acción erosionadora de las lluvias, los movimientos tectónicos y de los cambios de nivel del mar.

Algunos ejemplos son los barrancos de Rafalet, Biniparratx, Binissafúller y Alcaufar, estos dos últimos convertidos en zonas de cultivo hasta hace unos años. El litoral presenta numerosos accidentes geográficos: calas, playas, cabos y pequeñas islas. Con sus 1400 m. cuadrados de extensión destaca la isla del Aire, situada delante de Punta Prima y poblada de una interesante especie endémica de lagartija negra. En 1860 se construyó un faro en su parte más oriental.

 

Las Fiestas

Las fiestas populares, dedicadas en honor de Sant Lluís IX, rey de Francia, constituyen la máxima expresión del sentimiento popular. Se celebran el día 25 de agosto, aunque si esta fecha cae en día laboral se trasladan al fin de semana siguiente. Desde hace uno años, el programa festivo cubre las semanas anterior y posterior a la festividad, con la celebración de numerosos actos deportivos y culturales.

El origen de la fiesta es religioso y se remonta a la fundación de la Iglesia, cuando los miembros de la “obrería o caixers”, así denominados por ser los responsables de la administración del dinero para sufragar las obras de construcción y de mantenimiento del templo, organizaban los actos protocolarios y populares de la fiesta del santo titular que, a partir de 1825, también lo será del pueblo por votación popular.

Los actos festivos de mayor relevancia son los que protagonizan el caballo y el jinete (caixer). La “qualcada” o comitiva de “caixers” y caballos, que tiene lugar el sábado por la tarde y el domingo por la mañana. Recorre las calles de la población antes de asistir a los actos religiosos, las “Completes” y la Misa de “caixers”. Esta formada por el “caixer batle”, en representación del poder civil, la “capellana”, que representa el estamento eclesiástico, y los otros “caixers”. Llama la atención la figura del “fabioler”, persona que a lomos de un burro abre paso a la comitiva tocando el “fabiol” y el tambor.

Después de los actos religiosos tiene lugar el espectacular “caragol”, también conocido como el “jaleo”, donde los caballos debidamente engalanados, saltan al ritmo de la música entre la gente. Desde 1992, una Junta de “Caixers” hace respetar el cumplimiento de los diferentes protocolos que regulan la celebración de estos actos y en particular la peculiar forma de la vestimenta de los “caixers”, la composición y recorrido de la “qualcada” (cabalgata ), la asistencia a los actos religiosos, etc.

El inicio oficial de las fiestas tiene lugar el viernes anterior con la lectura del pregón. A lo largo del fin de semana se desarrollan diferentes actos, entre los cuales también sobresalen por la asistencia multitudinaria de público los bailes, los desfiles de carrozas y el lanzamiento de fuegos artificiales.

 

Economia

La irrupción del turismo en Menorca, a partir del siglo XX, supuso una profunda transformación social y económica, tanto en el ámbito insular como local.

Sant Lluís ha pasado de ser un pueblo eminentemente agrícola a ser un municipio turístico, con numerosas urbanizaciones surgidas entorno a playas y calas. El turismo ha dado un gran impulso a la economía municipal con la consolidación de una actividad paralela y relacionada, principalmente, con la construcción y otros oficios auxiliares, con extensa tradición en el municipio.

Punta Prima, Alcaufar, s’Algar y Binibeca son importantes núcleos turísticos del municipio, que cada año constituyen la principal destinación de miles de  visitantes de la más variada procedencia, si bien el mercado británico mantiene la supremacía en términos cuantitativos.

La diversificación de la oferta turística, basada desde sus inicios en el binomio sol-playa, es uno de los objetivos que se persiguen desde hace unos años, para mejorar la gama de posibilidades de la principal fuente de riqueza del municipio.

El turismo cultural es el exponente de esta nueva concepción y los esfuerzos del Ayuntamiento apuntan a este planteamiento, con la recuperación del patrimonio etnológico y cultural.

A principios de siglo la agricultura sufrió importantes recortes, a causa de la destrucción de las viñas por la “fil·loxera”, el vino producido en Sant Lluís era muy apreciado, y por la creación de nuevas industrias de calzado y de monederos de plata en la zona de Mahón.

La progresiva decadencia de la agricultura tradicional, principal actividad económica hasta la aparición del turismo, ha obligado a la búsqueda de nuevas alternativas a las explotaciones agrarias para rentabilizar el campo. En este sentido, la horticultura ha experimentado durante los últimos años un importante auge, con la introducción de modernas técnicas que han permitido la mejora de la producción. La ganadería esta orientada a la producción láctea y a la elaboración del tan nombrado queso menorquín.

 

Cultura

La persona que visita Sant Lluís se encuentra con una comunidad poseedora de una rica tradición y caracterizada por un gran dinamismo cultural a lo largo de todo el año. La tradición musical aparece perfectamente reflejada con el “Deixem lo dol”, cántico alegre de la Resurrección del Señor, que un grupo formado por vecinos del pueblo interpreta el Domingo de Pascua en diversos escenarios: la Iglesia parroquial, la sala de plenos del Ayuntamiento y el salón de teatro del Centro Cultural y Deportivo Sant Lluís.

La faceta teatral tiene su exponente más significativo en la representación de “Els Pastorells”, drama popular del nacimiento de Jesucristo, escenificado durante las fiestas de Navidad por el Grupo Artístico de Sant Lluís. El juego de la “bolla” es parecido al de la petanca, si bien presenta ciertas características y unas reglas de juego que le confieren una personalidad propia. Era un juego muy extendido en Menorca, pero actualmente su práctica se restringe exclusivamente a nuestro pueblo, concretamente a la pista de juego o “jugadero” del CCD Sant Lluís.

Las manifestaciones culturales se dan cita durante los meses de julio y agosto, con numerosas actividades: conciertos, exposiciones, teatro, etc. Desde hace un par de años, se organiza un interesante mercado de compra y venta de obras de arte, Mercado de Arte, que pone al alcance de los interesados, por un precio asequible, cerámicas y pinturas de artistas locales. Sant Lluís cuenta con una banda de tambores y cornetas, un grupo de majorettes una coral, una escuela de baile popular, un grupo de “Geganters” y una publicación periódica, la revista S’AUBA.

 

Los Caserios

Los caseríos o agrupaciones de edificios rurales son el exponente más característico del paisaje en la zona sur de San Luís. Nos referimos a los núcleos rurales de Binifadet, las Barraques, el Pou Nou, el consell, Torret, S’ullastrar, Binialí, Biniparrel y las barracas.

Se trata de viviendas construidas cerca de una camino, separadas entre si y rodeadas de pequeños huertos. La transmisión hereditaria favoreció la apareción de estas casas, al dejar para el hijo mayor de la familia la finca principal, y reservar una parcela para cada uno de los otros hijos para la edificación de una casa.

Estos núcleos de población rural tuvieron un gran crecimiento a partir del siglo XVIII, coincidiendo con las dominaciones británicas. La producción de hortalizas y de uva tuvo un gran auge y se ampliaron las zonas de regadío para satisfacer la demanda de la población de Mahón y sus alrededores.

La construcción de numerosos muros de “paret seca”, que en esta zona llega a límites insospechados, fue consecuencia de la intensificación del cultivo y el mayor aprovechamiento de la tierra.

Ya en el año 1373, el rey Pedro IV dirigió a su representante en la isla una carta dónde se autorizaba el aparcelamiento de fincas, aunque dejó claro que no se debía obstaculizar el acceso al mar.

Hoy en día, los caseríos o “casolanies” han perdido el significado agrícola de su creación, si bien constituyen los más bellos ejemplares de la arquitectura rural de Menorca. Estos edificios presentan una tipología peculiar, con un tejado en el que predomina el sentido este-oeste, y están formados por un cuerpo de dos plantas, con una terraza sobre la entrada y otros cuerpos más pequeños adosados al núcleo principal. Aún hoy, los habitantes de estos caseríos mantienen la costumbre enblancar las paredes, incluso muchos, el tejado de sus casas.

Además de estos característicos núcleos de población rural, deben mencionarse las diferentes casas señoriales de las posesiones o predios; algunas sobresalen por sus dimensiones y por sus formas arquitectónicas: “Lloc d’en Caules”, “Torret de Dalt”, “Alcaufar Vell” y “Binissafúller d’en Moysi”, ésta última con influencias de las masías barrocas catalanas.